El presidente Javier Milei mantiene su política exterior centrada en Donald Trump y Benjamin Netanyahu, y ni el viaje a España de mañana ni el vínculo con Brasil muestran ningún intento de construir alternativas diplomáticas.
Javier Milei tiene una forma muy definida de ver el mundo: hay aliados y hay enemigos, y con los enemigos no se negocia. Eso lo llevó a construir vínculos fuertes con Donald Trump y con Benjamin Netanyahu, dos figuras que comparten su visión ideológica. Pero también lo llevó a ignorar o enfrentarse con Lula da Silva en Brasil y con Pedro Sánchez en España, dos presidentes con los que Argentina tiene mucho para resolver.
Mañana Milei vuela a España, pero la relación con Sánchez va a seguir igual de fría. No hay reunión bilateral prevista, no hay gestos de acercamiento, no hay nada que sugiera un cambio de postura. Con Brasil el panorama es similar: el silencio entre Milei y Lula es casi absoluto, y eso tiene costos reales para la relación entre los dos países.
Lo que preocupa hacia adelante es la fragilidad de una política exterior que depende de que Trump gane o mantenga su influencia. Si las elecciones en Estados Unidos salen mal para el expresidente, Milei se va a quedar sin su principal interlocutor y sin una red alternativa para reemplazarlo. Según LA NACION, en el gobierno no hay señales de que ese escenario se esté contemplando.




